miércoles, 16 de marzo de 2016

Respira... Sigue respirando...



Cuando eres una persona altamente sensible debes comprenderte y conocerte... mejor primero conocerte y después comprenderte.. comprender tú manera de sentir la vida, y aceptar que eres así, es tu manera de respirar el aire, única, y solamente tuya, la que debes amar y respetar.

Llevo como unos tres años en los que mi sensibilidad va en aumento. Esto se refleja sobretodo en mi búsqueda espiritual, pero también en aspectos más del día a día, más terrenales y mundanos. El grado de aceptación de la violencia en mi caso raya el valor negativo. No soporto ningún tipo de violencia y ello me está produciendo algún que otro contratiempo e incompresión en mi entorno porque la violencia se tolera hoy en día y forma parte de nuestra vida diaria ya sea de una manera u otra. Lo respeto, cada cual que vea lo que le apetezca, pero yo no puedo. Normalmente me pasa con cosas que echan por la tele o bien películas del cine. Más con la televisión porque en el cine cuido mucho mi elección. Es normal que salgan asesinatos, peleas, violaciones, etc.. mi sensibilidad no me lo permite. No es que juzgue que se transmitan ( ese es otro tema), es que me pongo en la piel del atacado, sintiendo su dolor, y también del atacante, sintiendo su odio.

Toda esta reflexión nace de los sentimientos causados por ver la película "El Renacido". Una queridísima amiga mía online me la recomendó con matices. Esta película me llamaba la atención pero en el trailer vi muchas escenas violentas. No sabía si la película en general lo sería o utilizaron ( como suele hacerse) las escenas más violentas para atraer al público. Me la recomendaron porque mi santuario es la naturaleza y en esta película los paisajes te sobrecogen el alma. Así que desde aquí mi agradecimiento a la persona que me la recomendó porque realmente me encantaron. Pero qué pasó. En la sacralidad de los bosques se relataba la agonía de un ser humano. No sólo eran las escenas violentas ( totalmente justificadas para la historia que se narra), era el sufrimiento en estado puro por sobrevivir. Respira...sigue respirando... y yo seguía su consejo... Su agonía se convirtió en mi agonía... su ganas de sobrevivir me partían el alma... esa fuerza interior me tocó profundo...
Respira... sigue respirando... ¿ qué otra cosa podía hacer?...

Observé fascinada como se reflejaba en la pantalla la locura humana, como en medio de bellisimos paisajes se desarrollaban acciones propias de la codicia y la sin razón. La ambición y la falta de humanidad se daban la mano, recuerdo que no dejaba de preguntarme, ¿ cómo podemos hacernos esto los unos a los otros?... ¿hasta dónde somos capaces de llegar?... ¿ por qué no somos capaces de ver?...

Respira... sigue respirando... ¿qué otra cosa podía hacer?..







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